Este es sobre todo un blog de Ciencias Sociales pero como no creo que se deban hacer compartimentos estancos en el conocimiento, he querido que esté abierto a otros temas en las fronteras de las Humanidades.
Las excavaciones arqueológicas realizadas en el yacimiento arqueológico de La Bastida (Totana, Murcia) han sacado a la luz un imponente sistema de fortificación de la cultura de El Algar, único en su época.
El hallazgo reafirma, junto al resto de descubrimientos realizados en los últimos años, que la ciudad fue el asentamiento más desarrollado de Europa en términos políticos y militares durante la Edad del Bronce (hace 4.200 años -2.200 a.C.-) sólo comparable con la civilización minoica de Creta.
Restos de lo que fue un kit de pintura primitivo, con herramientas para procesar, almacenar y usar pigmentos de ocre, han sido hallados en la cueva de Blombos, en Ciudad del Cabo (Sudáfrica). Los residuos de mineral y los utensilios, que incluyen dos conchas con vestigios de ocre, huesos y otras sustancias usadas como pigmentos, tienen 100.000 años.
La Sociedad National Geographic, IBM, el genetista Spencer Wells y la Fundación de la Familia Waitt lanzaron el Proyecto Genográfico para trazar la travesía genética de la humanidad a lo largo del tiempo.
El registro fósil establece el origen humano en África, pero se sabe poco sobre la gran travesía que hizo el Homo sapiens hasta los rincones más lejanos de la Tierra. ¿Cómo terminó cada uno de nosotros donde está? ¿Por qué existimos en tan gran variedad de colores y características? Esas preguntas son aún más asombrosas en vista de la evidencia genética de que todos estamos relacionados: descendemos de un ancestro común africano que vivió hace apenas 60.000 años.
Aunque han pasado millones de años la historia completa continúa escrita en nuestros genes. Cuando el ADN se transmite de una generación a la siguiente, la mayoría se vuelve a combinar por medio de los procesos que nos dan a cada uno nuestra individualidad. Pero algunas porciones de la cadena de ADN se mantienen en gran parte intactas a través de las generaciones, alteradas sólo ocasionalmente por mutaciones que se convierten en "marcadores genéticos". Estos marcadores permiten que los genetistas rastreen nuestra cronología evolutiva común a través del tiempo.
Diferentes poblaciones cargan diferentes marcadores. Seguirlos a través de las generaciones revela un árbol genético en el cual las ramas muy diversas de hoy pueden ser conectarse hasta su raíz africana común. Nuestros genes nos permiten rastrear las antiguas migraciones humanas de África a través de los continentes. A lo largo de una de esas ramas encontramos por ejemplo pruebas vivientes de una antigua trayectoria africana, a través de India, para poblar la aún aislada Australia.
Pero para completar el cuadro se deben recopilar la mayor cantidad de muestras genéticas disponibles de todo el mundo. Pero hay poco tiempo ya que en un mundo cada vez más globalizado las poblaciones que se mezclan entreveran las señales genéticas. La clave de este rompecabezas es obtener muestras genéticas de los pueblos indígenas y tradicionales que quedan en el mundo, cuyas identidades étnicas y genéticas están aisladas. Pero esos pueblos, lenguas y culturas definidos están desapareciendo rápidamente en una amalgama de gente del siglo XXI.
Por esa razón el Proyecto Genográfico ha establecido diez laboratorios de investigación alrededor del mundo. Los científicos visitan las regiones remotas de la Tierra en un esfuerzo exhaustivo por completar el atlas genético del planeta.
En los Urales polares, en la parte occidental de la cordillera, se han descubierto varios centenares de herramientas de piedra de la factura asociada normalmente a los neandertales, pero relativamente recientes: entre 31.000 y 34.000 años de antigüedad, según las dataciones realizadas. El hallazgo apunta hacia una importante novedad de la historia relativamente reciente del Homo sapiens en Europa: tal vez los neandertales, antes de su definitiva extinción, se refugiaron no sólo en el Sur del continente, sino que también pudieron retirarse hacia el Norte, hacia el círculo polar. Estas herramientas halladas en el yacimiento de Byzovaya están asociadas al procesado de mamuts cazados. Las altas latitudes, y esa región de los Urales en concreto, pudieron ser, "el último refugio septentrional de los neadertales", concluyen Ludovid Slimak y sus colegas en la revista Science.
Asimismo investigaciones recientes parecen confirmar que el Homo Sapiens desplazó al neandertal no sólo por su mejor tecnología y adaptabilidad sino que además le superó en número, acaparando los recursos existentes.
Un equipo de genetistas y matemáticos ha llegado a esta conclusión: toda la humanidad actual proviene de una población de cazadores-recolectores que se originó en el sur de África hace 200.000 años. Nuestros primeros padres eran bosquimanos y se comunicaban en khoisán: la lengua ancestral de la humanidad, donde las consonantes eran chasquidos como el sonido de un beso.
Brenna Henn y sus colegas de Stanford y otras seis universidades, entre ellas la Pompeu Fabra de Barcelona, acaban de presentar en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) la comparación genómica -entre los genomas de los humanos actuales- más amplia y avanzada hasta la fecha. Como los genomas van acumulando cambios a lo largo del tiempo, estas comparaciones sirven para deducir el pasado de la especie: las poblaciones ancestrales muestran muchos cambios, tanto dentro de la población -entre un bosquimano y otro, por ejemplo- como fuera de ella -entre un bosquimano y un vecino bantú o un europeo, siguiendo con el ejemplo-.
Los resultados confirman con fuerza ciertos indicios anteriores, pero también enmiendan algunas percepciones erróneas. Las poblaciones dispersas de cazadores-recolectores que perviven en África, como los bosquimanos, provienen de un ancestro común claramente distinto del ancestro común de los pueblos agricultores y ganaderos que los rodean.
Los bosquimanos del sur, hablantes de lenguajes clic -donde las consonantes suenan como besos y chasquidos de fastidio-, revelan una variedad genética interna mucho mayor que cualquier otra población humana actual. La razón es que toda la humanidad actual proviene del sur de África -y no de Etiopía, como se pensaba-, y que los actuales hablantes de lenguajes clic son los herederos en línea directa de nuestros primeros padres.
Como los humanos modernos llevan en África más tiempo que en ninguna otra parte -y como solo una pequeña fracción de ellos colonizó el resto del mundo-, los africanos actuales son mucho más diversos que todo el resto de la humanidad junta. Por ejemplo, de las 6.909 lenguas que se hablan actualmente en el mundo, casi un tercio (2.110) son africanas. Como comparación, en Europa solo se han catalogado 234 lenguas.
Lo mismo vale para la diversidad genética. De hecho, la población mundial no africana es tan homogénea que los genetistas calculan que proviene de no más de 1.000 o 1.500 individuos que salieron de África hace unos 60.000 años. La mayor parte de la diversidad genética humana se quedó en África, y sigue estando allí.Aparte de los bosquimanos, las principales poblaciones actuales de cazadores-recolectores que perviven en África son los pigmeos. Lluis Quintana-Murci, del Instituto Pasteur de París, ha demostrado que todos los pigmeos, pese a vivir en poblaciones aisladas y muy separadas geográficamente, tienen un origen común: solo evolucionaron una vez.
Todos los lenguajes khoisán del sur de África utilizan cuatro clics básicos, que los lingüistas representan con símbolos como |, que es idéntico a nuestro chasquido de desaprobación; ||, parecido al sonido ts; o q, que es exactamente el sonido de un beso.Pese al parco repertorio de chasquidos básicos, los hablantes de khoisán pueden matizar cada clic de varias formas -nasalizándolo, aspirándolo, sonorizándolo- y combinarlo con distintas consonantes convencionales, hasta producir algunos de los sistemas fonéticos más complejos que se conocen. El lenguaje !xoo llega a distinguir de este modo más de 120 consonantes, un récord mundial seguramente imbatible.
Los signos arqueológicos de una inteligencia humana plenamente actual -arte, rituales, pericia técnica, gran diversidad de herramientas- solo tienen 50.000 años, pese a que el cráneo humano moderno ya existía hace 195.000, que es la edad del fósil más antiguo de nuestra especie, hallado en Etiopía. La salida del continente africano ocurrió entre 80.000 y 60.000 años atrás, lo que coincide con la aparición, precisamente en el sur de África, de unas culturas caracterizadas por el uso de herramientas avanzadas, e incluso de símbolos abstractos.Se denominan Still Bay (SB) y Howieson's Poort (HP), y aparecen en estratos repartidos por muchos yacimientos del sur del continente. El mejor caracterizado es la cueva Blombos, en la Provincia del Cabo, en el extremo meridional de África. En esa cueva aparecieron dos piezas de arcilla roja con unos grabados geométricos. Constituyen la evidencia aceptada más antigua de arte abstracto, 70.000 años antes de Kandinsky.
Reelaborado a partir del artículo de Javier Sampedro "Adán y Eva se entendían a besos", publicado en la edición digital de El País del 13-03-2011.
Si algo caracteriza a nuestro arte es que este parece ser un comportamiento inútil. V.S. Ramachandran y William Hirstein de la Universidad de California exponen una idea básica: el arte produce placer.
"El arte existe porque produce placer, y produce placer porque excita las áreas perceptivas del cerebro de una manera extraordinaria, mucho más de lo que es capaz de excitarlas el mundo real. La sobreexcitación de áreas perceptivas produciría placer por la existencia de conexiones directas entre estas áreas y el sistema límbico, el sistema de las emociones.
La razón de que la sobreexcitación de áreas perceptivas produzca placer estaría, curiosamente, en que nuestro sistema cognitivo está hecho para sentirse satisfecho cuando encuentra algo importante, algo relevante, en el ambiente. De este mecanismo depende tremendamente nuestra supervivencia. Cuando somos capaces de detectar una forma, un color, un movimiento, la información detectada puede determinar no sólo que podamos cazar o recolectar y, por lo tanto, comer, sino también el que no seamos el almuerzo de otro animal. De ahí que la unión entre nuestro sistema perceptivo y nuestro sistema de las emociones sea tan importante. De estos mecanismos tan naturales es de los que, de alguna manera, se aprovecha el arte."
Brian Boyd (profesor de literatura de la universidad de Auckland en Nueva Zelanda) en su libro “Sobre el origen de las historias: evolución, cognición y ficción” se ha sumergido en el mundo de la biología evolutiva para entender el origen del interés humano en el arte. Afirma que “no existen, ni han existido nunca, sociedades que no tuviesen expresiones artísticas. Si realmente el arte fuese algo frívolo, las que no dispusiesen de él habrían triunfado sobre las otras. Y ocurre al revés: cada vez la gente se interesa más en el arte. Por tanto, alguna ventaja evolutiva ha de proporcionarnos. Se ve claro en los niños: la necesidad de cantar, bailar, contar o escuchar historias o de dibujar se desarrolla de forma natural en todos, sin necesidad de que se les entrene para ello. No ocurre lo mismo con la lectura, las matemáticas, la ciencia o el ajedrez.”
“Parece que la música sería el primer tipo de arte que desarrollamos, y se usaba probablemente en contextos sociales y en las nanas para calmar a los niños. Por otra parte, las artes visuales también son muy antiguas. Se han encontrado hachas de piedra, construidas hace un millón de años, muy delicadas, demasiado grandes o demasiado pequeñas para ser prácticas, más simétricas de lo necesario, y que no muestran las típicas marcas producidas por el uso. Sin el desarrollo de la paciencia y del placer de elaborarlas, no se hubiesen hecho tampoco las primeras esculturas. El arte es un juego, que nos permite jugar con la información que nos llega del mundo, ordenada en patrones. El arte agudiza nuestras mentes y promueve la sintonía emocional con los demás.”
Esta placa de ocre con dibujos geométricos hallada en la cueva de Blombos, en Sudáfrica, podría ser el objeto artístico más antiguo, con 70.000 años de antigüedad.
Seguramente, mucho antes de que aparecieran las pinturas rupestres, el ser humano ya habría comenzado a producir expresiones artísticas, como la música y la pintura corporal. Quizás no fueran muy diferentes a las imaginativas pinturas que aún hoy adornan los cuerpos de los habitantes de lastribus del Omo, en Etiopía.
Decía Picasso que "desde Altamira todo el arte es decadencia". Probablemente exagerara pero sin duda toda la historia del arte se construye sobre la herencia de las culturas anteriores.